Sábado, 09 de enero de 2010
Hice este blog por la necesidad de escribir. Peor hace muchísimo tiempo que no escribo, porque tengo cosas más importantes que hacer Y me pregunto ¿Pero esto...no era muy importante para mi? Me temo que así hago en la vida. dejo las cosas importantes para mañana, y el mañana nunca llega. Postergo la vida sin darme cuenta lo breve que ella es ¿Y vos?
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Jueves, 28 de agosto de 2008
digo que debe dormir un poeta en cada uno de nosotros. sólo el amor puede despertarlo. Pero ese poeta lleva en sñi una revolución a punto de entrar en erupción. Algún día, el poeta interior nos llevará a la reunión de otros poetas despiertos y la revolución será...
La vida es re simple. Excepto que uno quiera cambiar las cosas a cómo debieran ser. Ahí la cosa se complica. Pero para que eso pase, hay que despertar al poeta que duerme en uno.
Es el poeta el que invita a complicar las cosas. Y no está mal....Si uno no encuentra como complicar la historia, o tiene vocación de aburrido o nadie le avisó que está vivo. Y cuando no te das cuenta por naturaleza de que estás vivo, mmmhhh...estás muerto..hasta que alguien tenga misericordia y te avise. ¿Se puede estar muerto y vivir de nuevo? Buehhh, literalmente así, casi que no, excepto Víctor Sueiro que al final vio la luz al fondo y entró.
Por mi parte, he entendido que sólo necesité enamorarme para ver el paraíso, y perder un gran amor para sentirme poeta. Tal vez ninguna de las dos cosas fueron ciertas, pero para mi, si lo fueron, o tal vez fueron una sola cosa...eso que yo llamo: Despertar al poeta.
Enamorado seguía el mundo teniendo injusticia y mi cuerpo remiendos, pero ahhh...En ese momento, tomados de la mano hubiéramos dicho: Hágase la paz, y los soldados del mundo hubieran quedado desocupados. Pero me olvidé de la guerra, me olvide de mi pobreza, me olvidé del horizonte y creí que el sol nunca más se iba esconder. Es más imagino ahora que ni pensaba en la existencia del sol sino en una luz que hacía el día eterno. Y la naturaleza era abundante y no necesitaba de nada. Te lo dije, era el paraíso. Pero uno tiene la costumbre de recostarse a dormir una siesta cuando no tiene sueño y soñar cosas que ya se hicieron realidad. Ese descuido es fatal. Porque despertás y el sol se fue. La eterna claridad del día se hizo noche y comienza a correr una brisa fresca. Ahí caes en la conclusión de que esa otra persona con la que habías alquilado el edén se fue. Y te quedan las facturas impagas y las ganas de mudarte a un barrio que sea distinto y....zás, se despertó el poeta. Descubris que hay chicos con hambre, mujeres golpeadas y laburantes explotados que agradecen tener un trabajo así, sin darse cuenta que llegaron a la condición de esclavos que costó tanta sangre abolir.
Bueno, tal vez parezca que si uno se enamora deja de comprometerse con la realidad. No, es apenas una alegoría. Porque cuando uno se siente pleno es cuando quiere que los demás sonrían. Es el amor el que te abre los ojos y te hace ponerte en la piel del que sufre. Porque no es lógico que alguien sufra de hambre, cuando otros tienen una abundancia que nunca podrían gastar ni resucitando 10 veces.
La noche aún lo envuelve todo. Cabeceas otro sueño esperando que amanezca y aparecen los recuerdos mintiendo de que ayer era mejor...y uno no tiene ayeres, tiene sólo este hoy. Y las caricias son más caricias en el recuerdo. Es entonces cuando la noche muere justo en el momento en que parió un poeta. Pero poeta no de conferencias, ni de premios ni de ferias de libro. POETA. Sin métrica ni observancias académicas. POETA, ese que sangra una frase deshilachada que tal vez nunca habite un libro. Pero que nace tan desde adentro que es poesía, es idea, es principio, es valor, es la semilla de una revolución que quiere entrar en erupción. Seguirá de todos modos la palabra endulzando el dolor, mintiéndose que nunca más volverá a amar así, aún cuando no sabe si sufre por amor o por no haber sido el que se fue primero. Aún así es poeta. Porque le brotan cosas desde el alma ...y lo que viene del alma tiene ese ángel que te atrapa. Es decir..esas cosas de la vida que te enseñan que sos sensible, que podes sentir. Y en esa hipersensibilidad, siempre aparece otra vez alguien con quien conquistar el mundo y volver a entender que la vida es maravillosa, pero el poeta ya no se va. Tal vez sólo haga silencio, pero no se va. El poeta guarda una revolución en cada uno de nosotros. Cuando tenemos ganas de gritar frente a una injusticia y miramos alrededor como buscando un par, como exigiendo que los demás se movilicen como uno, están los poetas haciendo fuerza para encontrarse y cambiar el mundo. Cuando eso suceda, ojalá no nos quedemos dormidos.-
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Lunes, 21 de julio de 2008
La vida es algo parecido a la espera del tren. Sólo los amigos ahcen que ese tiempo sea placentero, sin angustias, sin ansiedad.
Cuando era chico y teníamos que viajar lejos, siempre lo hacíamos en tren. Era lo más barato y era una aventura, porque veías paisaje que a veces era monótono que a veces te hacía rosquillitas de vértigo cuando pasaba muy cerquita de un río o por un puente muy alto. Era una aventura. Subir y empezar a sacar de las bolas las milanesas que anidaban de olor a ajo los vagones y de migas las remeras. Y no comíamos por hambre. Simplemente era el ritual irrescindible para viajar en tren en “clase turista”. Pero previo al viaje había una espera cargada de incertidumbre. Te dolía el culo de sentarte en esos asientos demasiado echados para atrás con tablas duras y angostas que hacían de asiento y respaldo. La incertidumbre de cuando llegaría el tren. Debe recordarse que los chicos no usábamos reloj y nuestros padres no nos decían hacía adonde íbamos. Cosa que parece la violación de un derecho, aunque yo termino creyendo (tal vez para justificarlos a los viejos) que era mejor así. Porque si nos decían: “Vamos a la casa de tía “Pety” íbamos a hacer un berrinche llorando un “no quiero ir, quiero ir a mi casa, dale mami, volvamos a casa..”. Y si por el contrario nos decía “vamos a casa de tía Esther para que veas a tus primos” nos hubiera agarrado la ansiedad de “a qué hora pasa este tren de mierda, vámonos en otra cosa” o algo por el estilo.Pero ese andén es una figura fuerte, al menos en mis recuerdos. El andén era un presente que parecía aburrido porque queríamos avanzar y no podíamos. Cuando crecí, siempre me pareció que la vida es ese andén. Uno quiere moverse llegar sin saber adonde, sin saber si lo que viene es la insoportable tía “Pety” o la amada tía Esther y los primos.Pero la vida tiene algo más que los bancos duros de la estación, o esa especie de policía extranjera que parecían los guardas con sus uniformes que un poco nos distraían pensado como robarle la gorra para jugar con los primos a “poliladron” (no el del chueco Suar, sino el juego infantil en el que –como en la vida- ganaba el más ligero). La vida, para mi será ese insoportable andén de un tren que parece que no llega nunca, aunque a veces uno caiga en la cuenta que ya se fue, y otras que uno se alcanzó a colgar del último vagón. Y en ese andén –en la vida- Dios puso a los amigos para que no nos amarguemos al llegar a lo de tía Pety, o no gastar toda la alegría anticipadamente antes de llegar a lo de tía Esther. Eso es. Los amigos son como la sucursal de dios. Son esos que te quieren más allá de “las fallas que uno tiene” por decirlo elegantemente, aunque sería mejor decir, que los amigos nos quieren a pesar de nuestras miserias.Los amigos están ahí, aguantándose las ganas de estar en otro lado, pero ayudándonos a soportar nuestros sufrimientos, y alegrándose con nuestras alegrías. Los amigos son los que se emborrachan con nosotros, esa noche en que las penas apuraron las copas. Y él (o ella) estuvo ahí, sabiendo que “su media naranja” le iba a hacer una escena por no tener argumentos para llegar tan tarde. Por eso, la vida sin amigos, es como una huelga de ferroviarios que nos deja sin tren. Porque no importa cual es el destino de nuestro viaje, sino estar contenido en la espera. Al fin y al cabo la vida es ese viaje en tren. Los únicos condimentos atractivos son la llegada del tren, la bolsa de milanesas que se abren y probamos a veces los manjares del amor, aunque sólo nos dejen después apenas un saborcito en el paladar y un olor que denuncia que no fue una ilusión.A mis amigos (ellos saben quienes son), gracias por haberme tapado mientras dibuja un corazón con un clavo, en la pintura “al aceite” de cualquier estación.-
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Sábado, 12 de julio de 2008
Esconderse detrás del perfil que los demás quieren de nosotros es como haber muerto y ver a los gusanos llevándose nuestros pedazos. La única manera de vivir es ser auténticamente uno
Siempre he creído –desde los tiempos idos en que recorríamos pueblos cantando cosas- que el aplauso era la cosecha del artista. Con lo que pedir “palmas, palmas…” no es otra cosa que pretender cosechar sin sembrar. También en aquellas lejanas épocas de cantor, pensaba que cantar era comunicar, con lo que uno debía saber qué tenía ganas de decir. Así, cada escenario era un desafío donde podía o no haber gente que tuviera necesidad, o mejor dicho, comunión de ideas con el canto que uno llevaba puesto. Nunca llegué a imprimir un afiche con el nombre del dúo con el que tuvimos la suerte de conocer algunos lugares del país como Comodoro Rivadavia, Rawson, El Maitén en la provincia de Chubut o, Paraná en Entre Ríos, Santa Fé, Tandil y algunos otros pueblos. Nos quedamos con los sueños de cambiar el mundo con un mensaje comprometido. Era esa edad en la que uno es dueño del mundo y siente que si mea para arriba es capaz de mojar la luna. O apagar alguna estrella.
Ya en esa época nos encontramos con esos cosechadores apurados que no tienen tiempo de sembrar y se contentan con cosechar aplausos ajenos….No pienses mal…no le estoy apuntando a ninguna persona en particular sino en aquellas costumbres dañinas que no nos dejan ser nosotros. Porque cosas similares me pasaron luego cuando me dediqué a la comunicación…Ahí encontré gente con el síndrome del micrófono. No importaba qué decir. Lo importante era que supieran que era fulano de tal y saber que lo escuchaban. Entonces arrancaban haciendo lo que la gente pedía. Si la gente pedía horóscopo daban horóscopo. Si la gente decía “callate y pasame tal tema” se callaban y pasaban lo que le pedían a cambio de un: “está muy bueno tu programa”. Jahhh…¿Está muy bueno tu queeeeee…? Si nada de lo que hace es suyo. Sólo buscan –haciendo un paralelismo con lo anterior- el aplauso fácil, sin darse cuenta que si los aplauden por que hicieron todo lo que le pidieron, no pusieron nada tuyo. Ojoooo…te están cagando!!! Esa gente no te aplaude a vos, están aplaudiéndose a si mismos. O mejor dicho: Robar un aplauso es consentir la muerte de lo que uno es, es una especie de suicidio. Entonces uno perdió la oportunidad de ser uno, de hacer ese programita de radio que uno tiene pensado, para decir esa cosa que está atragantada buscando salir y convertirse en grito…Y tal vez ese grito muy de uno encuentre poco eco. Tal vez hayan pocos aplausos, y no está mal que sea así. Muchos de los cantores más comprometidos han perdido la vida violentamente, y muy pocos de los que escuchan sus canciones están dispuestos a continuar esa lucha. Jesucristo y su mensaje milenario siguen crucificados para las masas, mientras hay apenas unas pocas voluntades que entendimos y ponemos en práctica esas enseñanzas. Pero claro, el aplauso fácil es atractivo, es seductor, es tentador, como es tentadora la mentira, razón por la que no encontrás ningún feo ni fea en un chat. Porque es más fácil dejar de ser uno para esconderse detrás de lo que se considera que no se logrará ser. Y es ahí donde reside el virus de la derrota…en no creer en uno. En no respetarse y asumirse lo que uno es, aunque eso despierte pocas adhesiones. Los “grandes” que tanto admiramos, fueron grandes porque no negociaron la dignidad de seguir siendo ellos. Y se bancaron mil fracasos sin claudicar e incluso –ya que lo mencioné a Jesús- hasta murieron sin haber saboreado la victoria, tal vez concientes de que eso ya era una victoria.
La vida es así. Vivir es también un arte. No permitirse vivir como uno quiere es no cumplir con la misión cósmica que nos tiene aquí. No permitirse ser auténticamente uno es lo mismo que estar muerto, con el agravante que uno tiene la posibilidad de ver el desagradable espectáculo de los gusanos borrando la evidencia de que alguna vez existimos.Por eso, cuando voy a las peñas o eventos de los pueblos, y los “artistitas” ponen pose de artista, o cuando escucho que los invitan a un evento de una escuela y pretenden que les paguen y demás, me da tristeza. No porque uno se pierda de verlos, porque eso es al fin un beneficio (el no verlos), sino porque ser artista es llevar el arte puesto. Y quien lo tiene ahí en las venas, no puede evitar que se la salga aunque no haya plata de por medio, porque ejercer el arte es como un orgasmo del alma. Eso ya es un pago.-Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Domingo, 06 de julio de 2008
La excusa de que el presidente hace lo que quiere, habla de que hay una mayoría de ciudadanos que se lo permiten. es decir, el poder de un "hijoputa" o "joputa" como nos gusta llamarlo, está sustenado por por millones de "hijoputitas" anónimos. ¿De qué lado estás?
PARA UN HIJO DE PUTA NO HAY COMO OTRO HIJO DE PUTA (No importa si que sea radical o peronista o etc. Etc.)
Frases como “estos hijos de puta nos están cagando”, “estamos cada vez peor”, “¿Vos estás con los hijos de puta del campo o con los hijo de puta del gobierno?” son moneda corriente y se van reciclando y adaptando a las épocas. Así la “·H.de P.” hoy es Cristina, ayer fue Néstor (aunque sigue en cartelera) antes fue Alfonsín, Carlos Saúl, De La Rúa etc. Etc. Y mientras estuvieron fueron unos H. de P. pero la gente los votaba masivamente. “Es que tiene carisma y la gente le cree” nos justificábamos. Yo creo que las masas no creen en nada. Sólo se suman al que tiene poder, porque actuamos como animales carroñeros. Esperamos que el león mate y coma, y nos conformamos con lo que sobra. Entonces no hay que laburar como lo hacían nuestros viejos para comprar el terrenito y los ladrillos y las chapas y hacer esas casas bajitas, medias feitas desde los estético pero construidas con amor y defendidas con uñas y dientes como se defienden las cosas que se aman. Hoy las cosas cambiaron. Hay que tener un amigo “adentro” para cualquier trámite, hasta para sacar turno para el médico. Nos “olvidamos” de que tenemos derechos porque no queremos acordarnos de que también tenemos obligaciones. Entonces, no reclamamos nuestros derechos por miedo a que no quiten lo que nos corresponde por derecho. Es que tal vez no estemos seguros de merecer lo que no están dando y entonces mejor que no se aviven. Si gritamos por nuestros derechos, pueden caer en la cuenta de que estamos beneficiándonos indebidamente. Por eso, mejor apoyar al que está en el poder. “Che vení esta noche a la reunión que hay en lo de fulano. Va a venir el intendente…Pedile cosas para tu casa no seas boludooooo!!!..” ¿Nunca escuchaste esto? Esto mismo pasa a nivel provincial y nacional. Hay que votar al estilo timba; votar a ganador. Porque después ponemos cara de cómplice y le decimos “yo te voté ehhh..” o en el peor de los casos: “nosotros acá lo votamos todos y ahora se olvidó de nosotros..” Son nuestras frases comodines. Así las cosas, nada puede cambiar, porque el problema no son los que están en el poder, sino nosotros. No es que los que gobiernan son unos hijos de puta (yo de todos modos creo que sí, que son muy H.de P) sino que los hijos de P. son precisamente los que actúan de esa manera. Solo una caterva de hijos de puta hacen que la imagen de un sátrapa se eleve y se eleve hasta niveles impensables. Solo un ejércitos de pequeños hijos de puta anónimos hace que un presidente le haga una diferencia de 11 millones de pesos a cuatro años de mandato. No es que es difícil mover a los Kirchner. Porque lo mismo decían cuando estaba Carlos de la Rioja y hoy nadie le da ni el saludo. Porque esa gentusa los sustenta con la esperanza de “sacarles algo”. Hasta que aparezca alguien que parezca más hijo de puta que el anterior, pero tan tan tan hijo de puta, que va a ser capaz de repartir el botín con los carroñeros de cada rincón de la re- pública. Y todo volverá a empezar.
Por eso creo que a este país no le falta nada. Al contrario, le sobra. Le sobran hijos de puta. Miserables hijos de puta que confunden un voto con una beca y creen que la urna es un tragamonedas. Ponen el voto y se quedan esperando a ver que se van a ganar y terminan hundiéndonos a todos.
Ojalá que nunca venga una peste contra la “hijaputez” porque este país va a quedar casi desierto y después, en una de esas, vienen otra vez los “hijoputa” de Europa, y con la excusa de evangelizarnos, nos terminan de chorear lo que nos queda.
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Sábado, 21 de junio de 2008
Esperando a la intendenta, para hacerle una nota vinieron y me pusieron una escarapela: Me puse a pensar en este símbolo y en la patria mia. Y me quedó la sensación de que si la patria es algo así como la mamá, a mi, mi mamá no me ama...
El sábado, por cuestiones de laburo, fui a encontrarme con la intendente de Catriel, en el almuerzo de los Pioneros. En realidad era el único momento que ella tenía para que le hiciera una nota para el suplemento del diario. Mientras esperaba, vino una señora mayor y sin decir agua va, me colocó una escarapela con esa capacidad que tienen las mamás de antes de enchufarte el alfiler sin tocarte la piel ( y eso que ya les tiembla el pulso jeje..). Como siempre cuando estoy al pedo y para que la espera no me joda demasiado largo la cabeza a volar. Miré la escarapela, y se me vino a la mente el himno, la bandera y me dije…Que cosa rara somos los humanos. Por un lado exploramos el universo en busca de vida en otros planetas (supongo que para complicársela a quien encontremos..), ya es una realidad la clonación y en cualquier momento comenzamos a comprar genética para tener hijos del color del que se nos antoje (ojalá que no anulen el trámite para hacerlos, que es por demás interesante). Bahh…mientras pasa todo esto, cosas simbólicas como la bandera y la escarapela siguen teniendo vigencia…Me imaginaba en alguna bicicleta cósmica navegando por los planetas y con la escarapela. Me parecía que era como andar a caballo por el cosmos y parar en Venus (no en el canal eh..) y dormir en el recado.
Después me justifique que está bien tener símbolo y bandera y demás, porque es lo que nos da la identidad de una patria, de una nación, ya que es precisamente esto lo que nos hace luchar por el bien común de la familia grande que se llama Argentina. Fahhh!!!... Estaba como para decir un discurso en un acto escolar. Ahí nomás, mi cabeza que cuando vuela le gusta hacer pirueta me planteó otra cosa y me dije: ¿Pero de qué patria es esa escarapela? ¿De la misma de los que gobiernan para engordar sus bolsillos y hacerle 11 o 12 o más millones al país incrementando su patrimonio de una manera que no pueden explicar? ¿Esta escarapela será la de los que pagan salarios injustos y uno tiene que agachar la cabeza y aceptar antes de ser un indeseable para la sociedad? ¿Será esta escarapela de los que sin que se le mueva un pelo te dicen “indio de mierda” como si la piel oscura de los auténticos dueños de la tierra no tuviera la misma composición química de los que no saben cual carajo es su orígen? ¿O esta escarapela es de los que se quedan afuera de la constitución nacional, y no lo cubren las leyes y no tienen casa, ni trabajo, ni salud ni educación? Tal vez pretenda esta escarapelita regalada juntarnos a todos en esos pliegues redonditos y de color impecable. Nooooo, doña escarapelita. Noooooo señora banderita de la barranca de no me acuerdo donde….Ustedes nacieron como símbolo de una nación, y los que –con errores y aciertos- expresaron su idealismo entregando la vida en ello, como por ejemplo Mariano Moreno, por decir alguien, lo hicieron con ese sentido. “Colocate esta escarapela para que no te confunda con el enemigo. A ver, los que están con esta bandera son los nuestros y los que no son enemigos” pudiera haber dicho algún prócer. Es decir que ellos construían una familia grande a la que llamaríamos argentinos. Si la cosas es así ¿Qué carajo significan hoy esos símbolos? Si los primeros que sacan pecho en los actos y ocupan lugares importantes en los palcos parecen ser nuestros enemigos. ¿Qué parte de la historia me perdí que no encuentro el momento en el que me robaron la bandera los enemigos?...
Agarré; me saqué la escarapelita…pobrecita, ella no sabía nada y seguía como queriendo sonreír con el alfiler como columna vertebral de su vida útil de cuatro o cinco apariciones en el año.
Ahora que metí la mano en la campera y me pinché con el apátrida alfiler me acordé de esta historia que en mis pensamientos interrumpió la señora intendente. Y vuelvo sobre le tema: Me pregunto a mí mismo y te pregunto a vos que lees: ¿Somos una nación? Pasa que yo tengo la costumbre de pensar que nación es una familia grande. Y no conozco familias –en el estricto sentido de la palabra- en la que los hermanos sean indiferentes al sufrimiento del otro. Mucho menos que haya hermanos a los que le sobre y otros a los que las necesidades los tengan en la más cruel de las miserias. Al menos en casa de mis padres –cosa que yo reproduzco en casa con mis hijos- nunca tuve que romper nada para que mi vieja sirviera la comida o para que mi viejo me comprara zapatillas. Nunca tuve que poner una silla interrumpiendo el paso entre el comedor y la cocina para que entendieran que tenía hambre o enfermedad. Y este es el modelo de familia que conozco. Hemos pasado momentos difíciles con mi esposa y mis hijos y también con mis padres y mis hermanos, pero cuando había pan, por poco que fuera, era para todos. Nunca escuché a mi viejo decir que tenía tanta plata guardada mientras nosotros remendábamos los remiendos…nunca pasó eso en casa…La patria a la que yo simbolizo con mi mamá, hoy se parece más a la madrastra de cenicienta que a mi querida viejaa. Si volviera a empezar la escuela primaria, tal vez escribiría (pensando en la ptariecita esta) “mi mamá no me ama”.
Por eso, querida escarapelita, y banderita linda e himnito o juremos con gloria morir, a ustedes los cagaron igual que a mi. Y ya no tengo ganas de cantar en los actos ni de emocionarme con la bandera y mucho menos de ponerme en el pecho esa escarapelita que no representa lo que dice representar. Siento que esta patria no es mi patria, que esta nación es la nación de otros, de los que se reparten el botín.
Y si…seguro que te parece antipatriota o el adjetivo que quieras ponerle. Pero -hasta que no seamos todos iguales y la justicia sea justa y los gobernantes gobiernen para todos- estos símbolos no serán míos. Por eso, si un día nos encontramos en un acto, no me preguntes por qué no canto el himno ehhh…
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
Jueves, 17 de abril de 2008
Si no fuera por el espejo uno podría ser joven eternamente, podría cambiar el mundo y enamorarse sin equivocarse..
MALDITO ESPEJO
Lo peor que pudo inventar la humanidad es el espejo.
Las mujeres –que supongo deben creer que en otra vida fueron escultoras- viven retocándose frente al espejo, como quien le da el último toque a una obra de arte. ¿Todavía no se dieron cuenta que (romanticismo más, romanticismo menos) nosotros le pusimos el ojo en otro lado, justo adonde no llega el maquillaje?...Epaaaa...no, no, noooooo!!!...Señorita del fondo, señora dela primera fila, Noooooo!!!...Buehhh, si, un poquito acertó. Pero en realidad me refería a que para las relaciones profundas entre un hombre y una mujer, un hombre se fija en otra cosa. Pero tiene razón (un poquito) uno se fija en la estética un ratito y a veces hasta se deja mentir. Pero la estética –sobre todo si es ayudada con maquillaje y demás cuestiones sintéticas- es una invitación a la mentira. La estética invita a las relaciones superficiales. Y claro...si te atraen con la imagen ¿Qué querés que compre? Imagen. Pero después de consumir imagen (bueh, fue la única metáfora como para evitar decir una chanchada...) uno busca otra cosa. Las ansiedades ya quedaron entre las sábanas y se cayó el maquillaje, es decir la careta, es decir la apariencia. Y ahí aparece, sin depilar (a eso me refería al principio señorita, señora y señores mal pensados), sin maquillar lo que vos sos por dentro y que es lo único que a uno le va a gustar definitivamente hasta enamorarse; o lo contrario, hasta odiarte. Y todo eso, culpa del espejo.
Es el maldito espejo el que te dice que la veteranía viene asomando en la bolsas de los ojos. Porque si no fuera por el espejo uno seguiría creído de lo que es –una persona de entre 25 y 30 años- sin terminar creyéndose la mentira del espejo que te gana el subconsciente hasta que se te hace carne...y fuiste.
Pero no es por eso que odio al espejo. Es porque me veo. Es porque me denuncia algo que sospecho y que sólo me doy cuenta cuando paso frente al espejo.
Paso a contarte. Hace unas noches me encontré con Juan. Juan es un loco. Un loco lindo, que se toma un vino y cree que el mundo va a cambiar. Yo también lo creo pero en el fondo (sobre todo cuando me miro en el espejo) se que no.
Y hablamos con Juan y como dos reverendos pelotudos, nos calentamos como si estuviéramos encarnado la revolución...Jahh...la revolución...Con quien vamos a ahcer la revolución...
Juan me decía: “Yo a veces me parece que estoy en otro planeta”...y creo que todos los que tenemos un poquitiiiito de idealismo sentimos lo mismo cada tanto. Y puteamos y nos sentimos sin esperanza...y nos tomamos un vino. Nos acostamos a dormir hasta que suena el despertador y volvemos a empezar. Otra vez nos calzamos el traje de tontuelos y volvemos a soñar que vamos a cambiar el mundo. Yo desde acá, desde este teclado en el que ahora me desangro, y también desde algún micrófono que me prestan. Y digo cosas y cosas y cosas...y hasta a veces tengo la sensación de que el mundo está cambiando.. Es ahí donde me caga el espejo. Claro, saco mis apuntes y veo una jueza que apaña a un vendedor de drogas, una jueza que apaña a un delincuente, una jueza que encana a perejiles y le avisa a un chorro que le van a allanar el bulo, que se apure y que saque todo, y escucho la radio y noto que usan el micrófono para hacer silencio y que sacan chapa de periodistas para opinar rebonito y cagarse después en sus propias palabras, y que los funcionarios compran votos para sentarse en un sillón en el que jamás harán nada para que otro viva mejor, sino para sentirse dueños de la vida de algunos pobres infelices que de todas maneras se arrastrarán ante alguien sin importar qué piense...y me digo: Con esto no puedo hacer una novela...en una de esas Juan si, pero hay que darle un vino, sino no arranca..
Y ahí me cae la ficha. Justo cuando tengo la sensación de que el mundo va a cambiar y que no le voy a dejar ni plata ni bienes a mis hijos, pero que les voy a heredera un mundo distinto, justo digo...justo ahí me caga el espejo...por eso lo odio. Me miro y me veo..Qué cara de pelotudoooo...con esta cara, como no voy a creer cada mañana que estoy cambiando el mundo
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (3) | Referencias (0)
Viernes, 11 de abril de 2008
Si uno escucha radio atentamente es posible que equivoque el destinatario y le prenda fuego al receptor. Pero ojo...adentro no hay nadie
Cada acción del hombre siempre da lugar a múltiples interpretaciones. Por ello, ante cada movimiento –como si fuera el ajedrez de la vida- es necesario quedarse pensando un momento que intención esconde detrás cada acción o que sentimiento empuja a hacer o decir algo. Hoy, sin afán de creer que lo que pienso sea la verdad absoluta (aunque me gustaría que así fuera) creo que a lo que voy a referirme no se lo puede calificar de otra cosa que no sea envidia.
Escuchaba días atrás (aunque podría hacer memoria y decir años atrás reiteradamente como una acción cíclica) a varios conductores radiales de Valle Medio haciendo su trabajo....Si...dije eso...¿Qué haces muecas mientras lees? He dicho haciendo su trabajo...Ahhh...claro...Vos entendiste mal. No dije haciendo lo que se debe hacer en radio. Dije haciendo su trabajo, su labor, respondiendo a su llamado cósmico ¿Te queda claro? ...Disculpame que me vaya un poquito del tema..No es que hagan lo que el sentido común diría que deben hacer, sino aquello para lo que están llamados, aunque eso no significa que sea bueno...¿^Ta?.. buehhh...sigo..Escuchaba a esta gente haciendo entrevistas. Fue en distinto momento y por distintos temas, pero el punto de coincidencia era este (los diálogos no son textuales por que no me los acuerdo con esa fidelidad, pero al sentido si lo tengo bien presente). “Comisario ¿es cierto que hubo problema con un chancho? El diario dice eso, que policías mataron un chancho y se lo comieron”. El comisario responde “No, no, no es tan así. Ya vamos a aclarar debidamente. La nota está hecha casi en sentido humorístico. ¿Vio que dice que algún policía contó el hecho porque no le convidaron?”...Otro día, otro usador de micrófono (casi le cabría un “Ab” al principio de la palabra) con el siguiente diálogo: “Dr. Calvo acá la nota del diario –que nos sorprendió- dice que está parado todo lo que tiene que ver con la universidad de Río Negro, que no están haciendo nada..”. responde en entrevistado: “No, no es tan así. Lo que pasa que no mediatizamos todo lo que hacemos..” Aporte el usador: “si a mi me llamó la atención. No se que fin persigue la nota del diario no me lo explicó” (palabras más, palabras menos)
Debo aclarar que tomé solo dos ejemplos pero esto se repite ininterrumpidamente. Ahora a buscar las coincidencias. Ambos usadores de micrófonos (toses más toses menos) se toman el trabajo de entrevistar a un funcionario a partir de una nota del diario. Ambos casi solapadamente buscan una respuesta que descalifique al diario y que deje en claro que hay un error, que el periodista metió la pata, que fue inexacto. Cualquiera creería que su objetivo es informar. Error, su objetivo es demostrar que el otro se equivocó y que él hizo lo correcto, preguntarle a quien corresponda. Es decir, ser una especie de ave de carroña. Comer de lo que otro dejó.
Sin afán de defender al diario, ni al periodista que se encarga de escribir las notas (ya que al ser humano tranquilamente puede equivocarse y podría seguir haciéndolo mientras tenga vida), apunto a esto: ¿Cuál es la necesidad de defenestrar a otro que trabaja de lo mismo que nosotros? ¿Llevar más claridad? Para nada. Intuyo que es tratar de lucirse desluciendo al otro, lo que habla de la imposibilidad de brillar por mérito propio. Sería algo así como pretender cortarle una porción de las piernas a todos aquellos más altos que uno para no parecer petiso....A ver...qué adjetivo les puedo regalar...mmmmhhhh...Ahhh, ya lo tengo!!! MISERABLES. ¿Es muy fuerte? No...si no lo van a entender...excpeto que algún funcionario les cuente que es lo que significa...Pero volvamos al asunto. Deberían ponerse una manito en el corazón - y más allá que no les guste la cara, el olor o el aspecto de tal o cual trabajador de la prensa gráfica- reconocer que sin el diario no podrían hacer radio. Es que no les da la creatividad para generar noticia por cuenta propia. ¿sacaron la cuenta cuánto tiempo del que usan para sus programas lo llenan con notas del diario? Así las cosas, sin diarios tendrían que hacer silencio, contar chistes o pasar mucha música..ahí caerían en la cuenta que algunos cantantes cantan mal. Que no dan la nota o que las letras son horribles. Entonces si, volverían a tener tema para poder llenar los espacios radiales con algún contenido, ya que aparentemente les cortaron la cuenta de la biblioteca y no les dejan retirar libros como para leer y dejarle algo a sus oyentes.
Es todo por hoy, el pronóstico del tiempo dice que ...a perdón...esa es una muletilla radial para cuando no hay nada que decir. Hasta la próxima audición
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
Viernes, 11 de abril de 2008
Hoy deje la radio porque no me cierran los números. Esto me obligó a pensar cómo hacer para no tener problemas económicos. Y hay modos de llegar a eso. Pero no me gusto el precio. Prefiero ser rico a mi manera; es decir sin plata pero con un bien que hasta acá varios intentaron pero no pudieron comprar: Mi dignidad. Claro el precio de ello es este dejar la radio para hacer algo con lo cual conseguir una moneda para poder comer.
Hoy dejé la radio. No puedo decir que no me jode haberlo hecho, pero la plata manda. Bhaa...manda hasta ahí.. Si la plata me mandara en realidad no me hubiera ido. ¿Qué loco no? Me voy por que la guita no me alcanza, mientras anda guita dando vuelta que podría estar en mi bolsillo si yo quisiera. Es decir si yo quisiera aceptar determinados condicionamientos. Como por ejemplo, no necesariamente hablar a favor “de”, aunque sí, no hablar en contra “de”. Tengo amigos que me han dicho: “No seas boludo, si todo el mundo lo hace y además vos merecés vivir mejor, tus hijos merecen no pasar necesidades. ¿Vos crees que alguien tiene en cuenta tu idealismo? Cuando te mueras nadie va decir ha muerto un patriota, apenas te enfríes nadie más se va a acordar de vos ni del sacrificio que hiciste para no transar”. Y cada vez que charlamos el tema, me quedo pensando. Y mentiría si dijera que no me viene la tentación de agarrar viaje. Pero el instinto me puede y termino haciendo lo de siempre, dedicándole toda mi energía a desnudar las miserias del poder. Es que pienso en esas palabras: “vos merecés vivir mejor” ¿Y qué es vivir mejor? Meterse los principios en el culo por estar un poquito más calentito, o por tener un pantalón más o un auto nuevo? ¿De verdad eso es vivir mejor? No digo que no sueñe con sentarme al volante de un auto nuevo, o de tener ropa suficiente como para desterrar la palabra remiendo. Pero al menos para mi eso no es vivir mejor. Vivir es disfrutar este minuto. Y yo disfruto haciendo lo que quiero y cómo yo quiero. Y claro; todo tiene un precio. Según ese “vivir mejor” de la tentación queriendo bajarme las defensas, el precio de llegar al auto de mis sueños sería no decir lo que tengo ganas. Y llego a la conclusión de que tener un auto me daría placer. Pero ese placer no es ni la sombra del inmensísimo placer que me da decir lo que quiero. Cada vez que digo lo que quiero sin que me importe quien se va a enojar, siento que toco el cielo con las manos. Y eso nunca me pasaría andando en auto nuevo. “Estar más calentito en invierno, o irme un mes de vacaciones (¿Qué era eso?) me causaría placer. Pero es inmenso el placer de caminar con la frente en alto aunque eso signifique recorrer 4 o 5 kilómetros caminando para ir a pescar con mis hijos. Está bien: Eso no será estar en la playa, ni dar rienda suelta al consumismo para comprar todas esas boludeces que uno compra y no usa casi nunca cuando anda “alpedeando” a bordo del consumismo. Pero hay que ver que gusto maravilloso que tiene el pan casero con picadillo tirados panza arriba a la orilla del río esperando que pique y recordando –por ejemplo- haber dicho a toda boca tal o cual cosa que mantenía escondida un juez o un fiscal o un funcionario político...Ahhhhh...qué placer. Estoy viendo que ser pobre no es tener poco dinero. No. Ser pobre es ser miserable. Y es cierto que hay pobres miserables, pero también hay ricos miserables. Hay pobres que nunca aprendieron a llevar con dignidad esa supuesta pobreza. Porque tienen tanta envidia de la gente con billetera nueva, que no se dan cuenta de todo lo que tienen a favor. Un amigo de Catriel me contó un chiste una vez. Decía que alguien en un asado preguntó: “Loco, Si te ofrecen un millón de dólares ¿Vos te harías homosexual tan sólo por esa vez, con la condición de que nadie se entere? (dijo algo más grosero...yo lo acomodé un poquito..)” Y la otra persona respondió: “Por supuesto, por un millón de dólares si total nadie se va a enterar”. La moraleja era: “No es que no haya putos, lo que escasean son inversores”.
Alguien que tiene un campo puede venderlo si le ponen la cifra que logre tentarlo. Igual sucede si uno tiene una empresa, un avión o el tesoro más valioso del mundo, porque si lo vende tendrá más dinero de lo que tenía. Pero al fin y al cabo, siempre alguien podrá comprarle ese bien que tiene. Así empecé a darme cuenta que si no hay ceros que puedan comprar este capricho llamado dignidad que tengo, precisamente entonces soy inmensamente rico porque no hay dinero capaz de comprarlo. Y con eso me alcanza.
Hoy dejé la radio porque tengo que buscar de qué vivir. Otra vez le gané a la tentación...y sigo sin vender mi tesoro.
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Sábado, 05 de abril de 2008
La humanidad sólo avanzó y avanzará gracias a su capacidad de preguntar. Pues la pregunta obliga a una respuesta. Aquí nos preguntamos -ya que de comunicarse se trata- si lo hacemos por comunicar por mostrarnos. Analizamos la diferencia. ¿Vos que opinás?
Antes he publicado algunas obritas literarias. Es que en esta “pasión por escribir” uno puede confundir la necesidad de “comunicar” con la necesidad de “mostrarse”. “Comunicar” es entregar un contenido que uno no quiere o no puede guardarse. Es esa ansiedad por darle a otros seres inconclusos como uno, lo que nos revoluciona en nuestro interior.
Tal vez “mostrarse” sea también una forma de comunicarse un poco más pobre, hasta miserable tal vez. Se me ocurre que mostrarse denota baja autoestima o incluso la pobreza espiritual de no considerarnos dignos. Entonces recurrimos al jurado, “el prójimo” que nos de una señal. Que nos diga si efectivamente no valemos nada (como podemos creer muy íntimamente) o si estamos equivocados y realmente “lo nuestro” sirve. Claro, no contamos con que el prójimo no tiene las mismas expectativas nuestras y dependerá de sus propias miserias o virtudes la calificación que nos otorgue. Así las cosas, las mejores calificaciones tal vez no sean las más justas y las peores lo contrario. Es decir: si el que califica es un hipócrita, nos dará loas injustificadas que nos servirán para fortalecer nuestro ego, pero alejarnos de nuestra propia realidad. Mientras que quien nos de un sincero parecer no siempre nos dará regocijo.
En cambio, “comunicar” cumplirá sólo su rol. Entregarle a ese prójimo lo que tenemos para compartirle, sin esperar “su bendición”. Es que cuando adoptamos esta posición, sí interesa lo que el otro opine, pero como devolución, útil para enriquecernos y crecer y no para que alguien nos de “permiso existir”.
Por eso, lo que está más abajo, son algunas de las obritas literarias que he escrito. Sólo para compartir. Pues son sentimientos de otros tiempos, vivencias que podrán leerse sólo entre líneas y que nunca sabrás cuánto de realidad y cuánto de ficción hay en ellas. Por ahora (mañana puedo cambiar..he dicho que soy un individuo felizmente inconcluso) sólo me interesa compartirlas. Si te gustan, en buena hora. Si no te gustan, lo siento. Siempre habrá mejores escritores que uno y también peores.
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Sábado, 05 de abril de 2008
Vengo de encontrarme con cristianos. Debo decir que yo también lo soy, aunque la mayoría de ellos consideren que no lo soy. ¿Habrá cristianos? Me pregunto y tengo ganas de responderme que no, pero luego pienso más ampliamente y creo que si los hay, pero que quienes realmente lo son no tienen tiempo de pensar en esta cuestión filosófica y espiritual como en una categoría.
En realidad no apunto a analizar el ADN de los cristianos. Sino a pensar como desangramos las palabras de su contenido y las pobre (palabras) terminan significando algo muy distinto a lo que pretenden decir. Así las cosas, nosotros que nos sentimos uno o varios escalones por encima del resto de la creación –sin darnos cuenta- nos ubicamos a la misma altura (o tal vez más abajo) de la vaca, del perro o de una oveja, por tomar algunos animales al azar.
¿Por qué? Pues por que a la hora de comunicarnos, con esta costumbre de prostituir el vocabulario, terminamos emitiendo ruido y no palabras, que de todas maneras nos sirven para mas o menos entendernos. Tal vez sea el nacimiento o evolución (¿involución?) del vocabulario. Así lo pienso: Las palabras no expresan lo que dicen, las frases significan algo distinto a lo que decodifica el oído. Decir por ejemplo: “Mi más sentido pésame” no significa estoy llevando en mi corazón tu dolor, sino que se entendería como: “No me queda más remedio que venir y me jode tener que estar acá, pero te aprecio y lo hago por eso”. Decir: “Queremos un mundo distinto” tiene un significado más parecido a “rotemos. Que ahora los ricos sean pobres y que yo pueda disponer de dinero sin límites para ver si soy o notan miserable como ellos”.
Pero no quiero irme por las ramas. Dije: Vengo de encontrarme con cristianos. Y es ahí donde las palabras, otra vez, no significan lo que dicen. Porque “Cristianos” serían los seguidores de cristo, o tal vez mejor aún, los imitadores de cristo. Es decir que quienes nos consideremos como cristianos deberíamos amar a nuestro prójimo y aún a nuestros enemigos, deberíamos perdonar 70 veces 7, deberíamos servir en lugar de pretender ser servidos, no juzgar para no ser juzgados, dar lo mejor de nosotros (recordar la ofrenda de la viuda) etc, etc. Y no es esa la actitud al menos de los cristianos que yo conozco, sea cual fuere la denominación de la iglesia a la que concurren o adhieren.
Los cristianos católicos (los que conozco yo) dicen sus oraciones con entonación actoral y suenan celestiales. Dan su ofrenda y se ofrecen para colaborar en la iglesia. Sin embargo compiten malamente entre ellos, crean reglamentos para beneficiarse ellos o beneficiar a algún allegado como por ejemplo: “Que nadie saque fotos en las ceremonias, excepto el fotógrafo oficial”. El cura se reúne con una especie de “gabinete” que es el que decide la metodología de trabajo en las cuestiones relacionadas con la iglesia, como si esas cuestiones no se pudieran consensuar en un encuentro tipo asamblea donde todos se sientan parte. Se hace la colecta anual, mensual o semanal (varía en cada congregación) para ayudar a los pobres, pero cuando cruzan a un mendigo o a un niño que pide o pero aún, que manifiesta resentimiento por la vida que le toca, se lo mira con desprecio. Tal vez con el enojo de haber pagado una “cuota antipobreza” y que la misma no se termine. Luego, esos mismos cristianos “piadosos” le pagan en negro al servicio doméstico, los tratan como a ciudadanos de segunda clase sólo por que prestan un servicio que ellos mismos no consideran digno. Del mismo modo no devolvemos un vuelto si se equivocó a favor nuestro el verdulero, no devolvemos una billetera si la encontramos con dinero y podría dar muchos más ejemplos como estos.
Por su parte, los protestantes conocidos en algunos países como “evangélicos”, son mucho más doctrinarios, aunque tan “flojitos de creencia” como los mencionados. En estas congregaciones –adonde tener una estampita de un santo” es ser casi un discípulo de satán- el pastor hace las veces de Dios. No hay confesionarios pero nadie debe desobedecer al pastor ni mucho menos contradecir sus consejos, para no ser considerados “descarriados”. Los fieles a esta fe son asiduos lectores de la Biblia hecho que los familiariza con muchísimas historias bíblicas y con un léxico bíblico abundante. Sin embargo cada versículo bíblico (con escasas y honrosas excepciones) no son consejos para poner en práctica en su propia vida, sino que serán la vara para medir la espiritualidad del otro. El evangélico –por su constante contacto con la Biblia y su antojadiza interpretación- considera que él y los suyos son los únicos que alcanzarán la salvación, juzgando que el resto se perderá, excepto que cambien de idea y vayan a la iglesia a la que él concurre. El evangélico carece de amor (¿No es que Dios es Amor? Si se carece de amor se carece de Dios) para ver al prójimo que no es de su iglesia, como a un hermano. Por eso es que en un arranque de “misericordia” aprovecha el día en que los demás descansan, para advertirle al resto de los idiotas que no se dieron cuenta que Dios lo ha elegido a él para conducir el arca, que si no se ponen bajo las órdenes de su pastor, cristo vendrá y no los llevará. Después puede suceder que alguien se sume a su congregación y allí lo juzgarán permanentemente de cristiano tibio, de no escuchar a Dios (cuando no escuchan su consejo profético) o de ser Judas, porque ocuparon el cargo para el que Dios lo había elegido a él.
Los chicos que van a los boliches los domingos –según el criterio de los evangélicos- serán pobres criaturas cautivas del diablo, pero sus hijos (que ya adolescentes reniegan de la hipócrita doble cara de su padre) simplemente están experimentando “qué cosa hay en el mundo” bajo la protección de Dios que los “deja hacer” para luego volver al redil.
Así las cosas, en la “estantería” hay muchos con la etiqueta de “cristianos”, aunque muy pocos imitadores de cristo. Como dije al principio, tal vez las palabras hayan evolucionado y ya no signifiquen aquello para lo que fueron creadas.
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
Jueves, 24 de noviembre de 2005
Este es un cuento sobre la humillación e indigencia de los trabajadores rurales en argentina, en el que lo único irreal es el desenlace...por ahora....(el autor)
Las hojas de los árboles maldecían tener que necesitar
del sol para ese capricho de la naturaleza llamado
fotosíntesis.
El sol, a esa hora, era una bocanada de aire salida
del mismísimo infierno.
Las moscas, seguras de que el calor tarde o temprano
nos mataría, caminaban nerviosas sobre nuestra piel,
esperando devorar esa primicia. Sólo los más bruscos
movimientos de nuestro cuerpo las obligaban a
emprender un perezoso vuelo que venía seguido de un
urgente aterrizaje, unos centímetros más allá,
obligando a cambiar de historia en un sueño de
interminables principios y ningún final. Los mimbres
se refrescaban en la costa del río y el río se quedaba
un ratito bajo su sombra, como un trueque que solo
sucede en el verano.
El ruido de la camioneta del ingeniero, logró
ahuyentar la modorra que se había encaramado en el
cuello a la altura de la nuca. Fue un solo acto. El
vibrar del motor gasolero que se trepó por el oído, y
el salto que nos dejó en medio del surco donde una
canasta a punto de llenarse, esperaba paciente. La
cesta de mimbres trenzados prolijamente, protegía con
su escasa sombra a las lauchas que buscaban cobijo y
comida, para huir despavoridas, ante nuestra
presencia, hacia sus precarios nidos debajo de las
plantas de tomate.
Y otra vez la historia que se repetía unas tres o
cuatro veces por la mañana y dos o tres por la tarde.
La mirada altiva, y el innecesario desprecio por ese
puñado de parias que estábamos allí por medio peso por
cada cajón de tomates cosechados. Hería salvajemente
la soberbia de ese hijo de inmigrantes, cuyas manos
delataban que jamás había levantado una de esas
canastas de 25 kilos, que eran tan amigas de nuestros
hombros y autoras de esos cayos ásperos como el
rencor.
Esas manos impecables no tenían derecho de tocar esos
frutos recogidos por cinturas adormecidas de tanto
doblarse bajo el sol que caía como un cachetazo sobre
el surco. Y mucho menos a diezmar la carga de esos
cajones apilados con paciencia y sacrificio en la
tierra suelta sobre la cabecera de los interminables
surcos, simplemente porque no tenían el grado de
madurez exigido.
Los comentarios burlones y excedidos de eses
bolivianas, mezclados con esas risas agudas aymaras, y
los jejenes bebiendo a borbotones la sangre de las
orejas, los antebrazos y el cuello, hicieron el resto.
Es que la ira no es un sentimiento que se pueda
manejar. Es como el sueño, que cuando llega, termina
venciendo a quien le tocó en suerte ser el blanco de
ese espíritu diabólico.
Descubrí que el sol ya no quemaba y que no me picaban
los insectos. Sentí que el cuchillo me aprisionaba la
mano y me llevaba hasta el gringo de ropa impecable,
botas de cuero y gran sombrero de paja. Él, era el
símbolo perfecto de nuestra esclavitud.
La hoja de acero - que cada mañana pacientemente
repasaba por la piedra de asentar, para conservar el
impecable filo- siempre esperaba una oportunidad para
chuparse una vida, y sólo un par de liebres habían
ganado el cielo gracias a ella. Ese frío metal me
mostró anticipadamente las entrañas del gringo, y su
sangre oscura, saliendo como un manantial bordó de su
pecho. La ira no impidió que viera el después, e
imaginé a la policía y el llanto de los hijos, la
vergüenza de mi familia, y la oscura y satánica
prisión que nunca conocí pero siempre temí.
Sentí su perfume que me ahogó, y el olor del tabaco
negro de su pipa me envolvió como pretendiendo ser un
testigo privilegiado de lo que iba a suceder. La
muerte zumbaba, como antes lo hicieron las moscas. Lo
empujé y cayó pidiendo una piedad que no estaba
dispuesto a regalarle. No veían mis ojos ya. Sólo una
imagen venida desde mi conciencia pasaba
interminablemente por mi mente. El llanto de los
chicos y la vergüenza de sentirme alguien que quiso
ser y no pudo.
El cuchillo no estaba arrepentido y mi arrepentimiento
perdía por goleada ante el acero ávido de esa vida. El
gringo lloró. Yo lo oí. Y clamó y lloró más fuerte.
Las risas bolivianas cesaron y se escuchó una
exclamación unánime de algo que imaginaban terrible,
pero que no veían pues la polvareda lo envolvía todo.
Odié. Maldije, y tuve un deseo desesperado de no
haberme levantado ese día. Rogué inconscientemente
volver a los 16 y retomar la escuela secundaria que me
robaron las amonestaciones.
Lamenté no haber aceptado ese beso reconciliador en
el andén de aquella estación a los 18. Y hasta me
pregunté para qué traje hijos al mundo. Extrañé el
último abrazo de mi padre, y no pude entender porque
no volví a cantar, desde aquel día en que mi esposa me
hizo una escena mientras colgaba de mi mano, aquél
primer premio tan ansiado obtenido en ese monstruoso
festival que me había desvelado tantas noches durante
tantos años.
La desazón se encargó de desatarme de los miedos, los
prejuicios y los pudores. Supe que la vida era menos
que los 20 centímetros de acero que vibraban en mi
mano. Desprecié la vida del gringo y me sentí dios.
Pensé que mis hijos de todos modos no estarían
orgullosos de mí. Y vi, que ya nada podía quitar las
horas de sufrimientos de mi mujer que más de una vez
tuvo que soportar los llantos de los chicos por la
ausencia de pan.
Y me animé.
El polvo se filtraba por la nariz y la boca, que se
secaba de ansiedad. Me cobraría todas las deudas de
tener un destino que nunca busqué, pero que se aferró
a mí como un perro sin dueño.
Sentí el cuerpo del gringo tembloroso, lleno de la
cobardía propia de los que dominan al vulgo con el
miedo a una miseria que de todos modos no los
abandonará nunca, haciéndolos rehenes de un trabajo
que los hunde cada día más. Y el cuchillo se dio el
gusto. Corrió con suavidad. Como si lo llamaran desde
adentro. Era una caricia cortante, que jugaba
irrespetuosamente con la vida y la muerte.
El sol se puso de espaldas y sus rayos dejaron de
herir la piel. El silencio ganó el campo. Los pájaros
también adhirieron y dejaron de cantar. La tarde se
volvió noche y cayó pesada e implacablemente sobre el
campo, como una sentencia. Mis hijos no lloraron y mi
mujer tampoco. Demasiado habían regado de lágrimas el
camino de sus vidas transitado junto a mí.
Ya no sentí vergüenza, sino esa agradable sensación de
haberme liberado de esa terrible carga.
Ya no me importó la miseria, ni el dinero que pude
haber ganado en esta cosecha. De pronto creo que no
existe el amor ni el desamor. Me invade la certeza de
que el amor entre un hombre y una mujer, es un
entretenimiento para no aburrirse, mientras llega la
muerte.
Hasta el odio se me evaporó. Se alejan de mí las
sensaciones. Imagino que el acero frío comenzará a
oxidarse pronto si no deja de estar en contacto con la
sangre, pero ya no tengo ganas de retirarlo del
agujero que abrió desde el vientre y llegó al corazón
que se resiste a dejar de latir.
¿Es paz este frío que me envuelve?
De todos modos, no le podía regalar al gringo la
oportunidad de irse de este perro mundo. Esa bendición
es sólo para mí. La tengo bien ganada.-
Fin.-
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Jueves, 24 de noviembre de 2005
(Un cuentito fantasioso escrito en el año 2004)
“Para referirme a lo que debo, voy a hacerlo por efecto rebote, dedicándole esta oportunidad a la mujer.
En honor a La Verdad, a quien presento en sociedad en este acto, estoy obligado a referirme a la mujer.” Dijo el Chamán, mientras fumaba unos hongos similares a los que Lobsang Rampa, allá en el Tibet, consumía para poder transformarse en pájaro y volar desnudo sobre la pradera.
Nunca supe su nombre. Lo llamé Tupac, por su rostro de rasgos duros y casi grotescos. Y además porque me pareció adecuado para un chamán, y él aseguraba serlo.
(Yo sostengo –y en esto coincidimos con Tupac- que Dios nos puso en el subconsciente una información básica. Es lo que llamamos dones. Ante un estímulo, estos dones despiertan, pasando a la conciencia, desde donde los manejamos, ya sea para desarrollarlos o para destruirlos para siempre. Gracias a eso, Jesús caminó sobre las aguas, cosa que todos podríamos hacer. Pero sucede que apenas ese don aflora, lo destruimos con la duda. Perdóneseme esta larga aclaración, pero es a los fines de entender mínimamente a Tupac.)
El chamán volcó su extraña pipa y sacó de una vasija la mezcla de hongos y hierbas, para volver a encenderla. (la pipa no se fumaba como se hace tradicionalmente, sino que se tragaba el humo, se contenía la respiración hasta el borde de la apnea, y se exhalaba).
“La mujer –prosiguió el chamán- fue hecha por lo que ustedes llaman Dios. Yo lo vi en la creación..¿Ustedes no?” inquirió, inquietando a la improvisada platea de psicólogos que lo observaba. Es que Tupac sostiene que esa historia remota, ha sido guardada por Dios en el subconsciente, y desde allí la sacó Moisés para escribir el génesis del Pentateuco.
Tupac convidó la pipa a los estudiosos del comportamiento humano, pero sólo uno acepto.
Cuando la pipa volvió a el, este agregó: “La mujer fue hecha del hombre. El creador sacó un pedazo de este y la formó. Él necesitaba que ella fuera hecha de un material probadamente óptimo. No podía permitir que fuera impura, pues de ella nacería su único hijo”. Tupac tosió apenas como una excusa para sumar misterio, y para observar con pena, como lloraba desnudo –mientras se mecía de una rama- aquél, quien minutos antes había fumado de su pipa.
“la mujer es un ángel –dijo suavemente, con esa extraña voz moldeada en tantos años de fumador-. Ella es capaz de parir y sentir placer. Ella es capaz de saber que su hijo tiene hambre, calor, frío o dolor, sin que haya más que un gemido y aún a la distancia. Ella es capaz de tener la fuerza de un toro si su hijo está en peligro. Eso se llama: Omnipotencia, Omnisciencia, Omnipresencia.
La mujer es un ángel del creador, por eso el hombre necesita unirse a ella para no perderse”.
Tupac miró al cielo como buscando la conclusión de su discurso. Y el silencio fue aprovechado por uno de la platea que se animó a preguntar: “Maestro, ¿las prostitutas y las brujas también son ángeles?” mientras sonrió levemente, y la malicia brillaba en sus ojos.
El chamán no lo miró. Respiró profundo. Intentó pitar la pipa, que se había apagado y dijo: “¿Has oído hablar de los ángeles caídos? Pues, esos son. Pero bastará un parto, para que la redención se haya consumado. Por último quiero decirles que sé que varios de ustedes no me han creído. Y eso es lo bueno. Ustedes me pidieron que hable de La Verdad. Esto es La Verdad. Lo que unos creen fervientemente y otros niegan. También la Verdad fue sembrada desde el principio en el subconsciente, ara ver lo que nos rodea. La Verdad es de Dios, los ojos son nuestros”.
Nadie le creyó. La alarma de mi reloj fue el punto final.
Los profesionales tomaron sus apuntes y se marcharon. Sólo uno quedó durmiendo desnudo bajo el añoso árbol del parque. Yo tuve la intención de hablar, pero me contuve. Tampoco iban a creerme de que varias mañanas lo encontré a Tupac flotando, con las sábanas y frazadas colgando, como imitando al “Leve Pedro” de Anderson Imbert. Es que se dijeron tantas cosas del paciente de la habitación 22.
Sólo historias de psiquiátrico.-
Fin.-
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Jueves, 24 de noviembre de 2005
Este cuento viajo un par de años en mi cabeza, hasta que lo baje a la letra escrita. es pura ficción, aunque tiene que ver con esas fantasias que suelen habitarnos.-
¡Porqué elegí el jardín y no la vereda...! Es que yo creí que de todas maneras me iban a ver aquí, pues estoy a pocos centímetros de la vereda.
Nunca, con este sol tan radiante y a esta hora de la siesta, estuvo tan desierta la calle.
¡¡¡Ay!!! ... ¡Si tan sólo se diera cuenta este pobre ciego de que yo estoy acá!...¡O si pudiera yo expresar algún ruido al menos!. Daría cualquier cosa por poder decir - aunque más no sea- una palabra: ¡¡Auxilio!!.
¡¿Cómo puede uno cambiar tan rápido la forma de ver una misma cosa?!. Hasta hace un minuto nada de lo que ahora me interesa tenía sentido. Sin embargo ahora no me importa que se burlen y hasta me gustaría poder salir a caminar sin rumbo. Pero, ¿No será una pesadilla? No... no lo es. Ese ruido de bastón del ciego que se aleja, me da la certeza de que no es una pesadilla.
Dios...¿Existís? Te pido perdón. Lo que dije de vos no lo dije en serio. Era para impresionar nada más. Los veía tan tóntamente crédulos que los provocaba, pero en chiste. Daaaale... Aflojaaaá... Volvé las cosas 10 minutos para atrás. Bueno, no. Volvé las cosas un día más atrás. No tampoco. Mejor volvé las cosas unos años para atrás.
Ah! Sí. Es cierto. Dije muchas veces que estaba cansado. Bueno, bueno. Si. No dije exactamente cansado. Dije que estaba repodrido. ¿Para que me insistís de que repita todo lo que dije y pensé? ¡Te dije que no era en serio!!. ¡Está bien!. ¡No era en serio, pero sí, dije que mis amigos eran todos unos idiotas insufribles! También dije que mis hermanos eran unos idiotas, pero, vos sabés que hay cosas que me dan mucha bronca. ¿Como alguien puede aceptar con las orejas gachas y sin chistar tener que salir todos los días a trabajar y que te traten como se les antoje para tener, apenas, unas zapatillas de oferta, un reloj de cincuenta centavos de dólar y un solo y ordinario pantalón..? Yo creía que eso, era un acto de idiotez.
Pero, ya que existís y te has puesto tan preguntón, ¿Porqué no llamás a alguien que me traiga un vaso de agua?...O mejor: ¡Que llame urgente una ambulancia. ...!!
...¿Y..? ¿No es que vos sos amor?
¡Dale!!. ¡Disculpá, era una jodita mía nomás!!.
Yo acepto que hice mal. Pero no me digas que no tenía un poco de razón. No, no, para esto no; pero para estar un poquito enojado sí. Vos lo sabés mejor que nadie. Mirá: Nací con una pata más corta y desde que tengo uso de razón nunca, a nadie le importó si tenía talento o no. Mis hermanos siempre eran mejores que yo, mientras yo era la carga. Para todos los conocidos, yo era el rengo y había que reírse de mí ¿Vos hiciste algo para impedirlo? No. De siete años de escuela primaria, seis, los hice con zapatillas viejas que otros se habían podrido de usar. De esos siete años, cinco fui sin desayunar; y la vez que desayuné, lo hice solo de la más absoluta soledad, sin nadie que estuviera aunque sea sentado a mi lado. Yo sé que vos sabés –porque tu hijo te debe haber contado- pero la soledad es como una camisa de fuerza ¿Y como le explicás a todos de que no estás loco, para que te desaten la camisa?
Mirá si no tenía razón de enojarme: Los dolores de cabeza que sufrí permanentemente por mi miopía no eran necesarios, si me hubieran podido comprar anteojos. Las maestras siempre me mandaban al fondo por el olor a pata del que yo ni siquiera me daba cuenta que tenía. Esa era mi campanita de la lepra. Y me cansé de llevar notas de la escuela a casa - que sólo me ponían a mi- recomendando “revisar al nene la cabecita” ¿No se daban cuenta que en casa no nos bañábamos porque no teníamos como hacerlo? Ni siquiera jabón había!!. ¿No se avivaban que las ropas estaban percudidas porque pocas veces había como lavar? ¿No se daban cuenta de que me estaban percudiendo el alma?
Jamás me invitaron a un cumpleaños, con el deseo que siempre tuve de sentarme en esas mesas abundantes y tomar chocolate!!! ¡¡Y reirme de nada, como sólo se pueden reir los que le hicieron una gambeta al hambre. Pero a esa hambre que te deshilacha las ilusiones.
Años soñando que cuando cumpliera los dieciocho iba a poder demostrar que era valiente y capaz para muchas cosas. “Ahí no hay ricos ni pobres. Ahí son todos iguales” decía mi viejo cada vez que salía el tema del servicio militar. Y remataba. “Ahí te vas a hacer macho. Ahí no vas a poder decir me canso o me duele la cadera”. Y yo le creí. Recuerdo que cuando cumplí los 18 y ocurrió lo del sorteo me dije: “Ahora van a saber a quien tuvieron al lado y no supieron aprovechar”. Me imaginaba armando equipos de comunicación para interceptar mensajes de los enemigos, o controlando radares o arrastrándome entre líneas enemigas para llevar noticias del enemigo a imaginarias tropas patriotas. Pero no. Me dijeron: “Te salvaste. Andá nomás” y Cuando insistí me contestaron: “Rajá de acá pata ‘e cumbia” y ni siquiera había enemigo, para vengarme alistándome allí. Perdoname que te pregunte esto ¿Hay rengos en el cielo?..
Si. Es posible que haya tenido un poco de resentimiento, pero ya se me pasó. Cómo no ser resentido ¿No? Nunca pude lograr que una mujer me mirara como a todos los demás. Y cuando aprendí un oficio y monté mi propia empresa, vino la inflación y perdí hasta el apellido, sin poder conseguir trabajo, porque acá no valía la pena fabricar zapatos.
Ahhh.. ¡Mis amigos!. No sé si eran malos. Creo que no. En realidad nos conocíamos de toda la vida, pero sólo se hicieron amigos cuando me integré a la juventud de la parroquia.
Si es cierto. Vivimos lindos momentos. Los pic nic en primavera y verano. Las guitarreadas en la capilla. Las procesiones y peregrinaciones. Pero yo les tomé y bronca; y de ahí lo de llamarlos “idiotas”. Porque cuando no iba a los encuentros durante un par de semanas, ya me saludaban con desgano, y a veces hasta fingían no-verme.
Siempre jodieron y jodieron con que era un ignorante. Cuando empecé a leer y a contar lo que decían esos libros, me empezaron a mirar mal y a decirme: “Lo único que te faltaba a vos era hacerte zurdo. Rengo, chicato y zurdo”. ¿Es que al cielo se va por la derecha?
Sinceramente te digo... si.. A vos, a vos Dios te digo... yo creí que era mala suerte. Y ahí empecé a creer que vos no existías. Lástima no habernos puesto a hablar antes ¿No?
Yo pensaba que solucionando lo de mi mala suerte, todo iba a mejorar. Fui al “parapsinosecuánto” ese con acento centroamericano, y no sólo me sacó lo poco que me quedaba, sino que además empecé a no poder dormir y a tener horribles pesadillas.
Fue por eso que empecé a beber. Y después no se quien me dijo que si tomaba una pastillas mezcladas con alcohol...¡¡adiós tristezas!!
Pero que te voy a contar a vos.
Vos sabés todo.
Sólo recuerdo pocos, pero intensos momentos. Cuando miraba al que – dicen- que es tu hijo, en la cruz. Y sentía lástima también por él. Yo hubiera querido corresponderle en ese acto de amor que hizo por todos, y también por mí. ¿El también era zurdo? Yo hubiera querido haber sido algo así como un discípulo de él, pero no hallaba que hacer. Siiii, sí... sentí lástima. Porque veía y veo que nadie le dio bolilla.
Tenés razón.
Hice mal.
No tendría que haber vendido la trompeta.
Y menos para comprar un revolver.
¿Pero como iba a saber que después poner el caño en mi sien y de apretar el gatillo iba a quedar vivo...
¡¡Daleee!!! Llamá a alguien que me encuentre y traiga una ambulancia...Te prometo que no voy a ser más zurdo.-
Fin.-
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Jueves, 24 de noviembre de 2005
Este es un cuento con intenciones humorísticas, desnudando un poco esas miserias que siempre escondemos, y recordando al nefasto "Carlos Saúl" ex presidente, de quien no pronuncio el apellido, para que no vaya a creer que lo estoy llamando.-
Si me hubiera avivado no me quedaba hasta el final.
Era esa hora en que el sol está repodrido de alumbrar y termina
revoleando los rayos para cualquier lado. Entonces, te pares donde te pares, el sol te da igual en los ojos. Por eso, sólo vi la figura al borde de la cornisa. Y me pareció una idiotez que él tuviera un revólver en la cabeza, y – a la vez- estuviera dispuesto a tirarse de estos edificios nuestros –engendros de la arquitectura rionegrina de gobiernos de facto, que en pleno desierto son como casas apiladas para desaprovechar mejor tanta soledad- y que tienen cuatro pisos y no más.
Creo que no fui el primero en llegar. Ya había abajo un par de señores
que miraban y decían: ¡No por Dios, que no suceda!!. Pero no fue eso lo que me llamó la atención, por que me acorde que con Daniel, mi amigo del alma, solíamos hacer ese chiste. Mirar hacia algún punto para que otros, se detuvieran a intentar ver lo que nosotros comentábamos. Cuando habíamos logrado que cinco o seis buscaran morbosamente el objeto de nuestras miradas, bajábamos la vista y nos decíamos: “Bueno ensayemos una vez mas la parte de los curiosos y dejamos por hoy”. Ahí, había que actuar de verdad, por que donde nos vieran reír nos linchaban. Cuando vi a esos señores, creí que me habían robado el chiste.
Creo que me invitó a mirar el loco Omar, que venía atrás mío y gritó:
“Dale tirate que en este pueblo no pasa nunca nada. Aprovechá!!! ¡Cuándo vas a ser tapa del diario si no es ahora!!” Y lo dijo convencido, si hasta fue a buscar la cámara para filmar.
Ahí lo vi. o mejor dicho, vi su silueta intentando tapar el sol. Yo creo que
el sol se puso detrás con la intención de empujarlo en un descuido y
después se arrepintió por que se amontonó mucha gente.
El público y su respuesta cambia todo. No hay mediocre que no haga una buena actuación, si el público corea su nombre. Y eso le pasó a Carlitos.
Carlitos en realidad se llamaba Carlos Saúl. Qué nombre. Y en este país. Ese nombre –creo- también debe haber influido. Yo que creo en esas cuestiones metafísicas, estoy convencido de que el nombre tuvo mucho que ver.
Ahora que lo pienso, es una pena que no esté Costanza acá para debatirlo, aún cuando ya se que va a terminar diciéndome “Y, no seeeemmm...¿A vos que te parecemmm?”Si algo me sorprendió no fue el tipo parado en la cornisa con un arma apuntando su cabeza, sujeta por su propia mano (no la cabeza, el arma).
Sino que él –que conocíamos todos- hablara con la claridad de discurso con la que hablaba. Ahí es donde baso mi hipótesis de que los nombres tienen su propio espíritu. Tiene que haber sido la influencia del nombre. No, quiero decir, el espíritu del nombre le ganó el cuerpo. Una especie de endemoniado del discurso. Decía. “Nunca nadie creyó en mi. ¿Puede un hombre soportar la cruz del descreimiento, mientras cada día onstruye con lágrimas su destino? ¿Hay corazón –sobre la tierra- que soporte que a su verdad se la transformen en mentira por el simple hecho de ser él quien la posea? No creyó en mi la maestra que no me dio tiempo a entender que cosa era el teorema ese de pitanosecuanto. Pero a la vez, me mintió que existía la justicia; que todos –si queríamos- podíamos ser presidentes; que la Constitución era la ley madre y que ella nos aseguraba todas las garantías ciudadanas...Y miren como
estamos. No creyó en mi el tipo del restaurant que no pudo esperarme
un par de días a que yo aprendiera a manejar la bandeja. No creyó en mi el ruso de la tienda que no me fió el traje que necesitaba, y por eso perdí el trabajo ese del hotel nuevo. No creyó en que mi la hija del jefe de la estación, que me miraba de reojo pero terminó entendiéndolo a su padre que le dijo que yo no era un buen partido.
No creyeron que dentro de ese ropaje humilde, pero limpio, se estaba
forjando un hombre. Y ese hombre soy yoooooo!!!! ¡Malditos depredadores de esperanzas!!. Se que están ahí, por la morbosa necesidad de verme reventar contra el piso. ¿Se preguntan si voy a gritar arrepentido cuando emprenda mi vuelo hacia la muerte, que está bajo las plantas de sus malditos pies? No. No voy a gritar, porque antes me vuelo los sesos. Pero les voy a regalar una imagen que no se les va olvidar nunca más. La de un cuerpo destrozado.
Ya no va a ser el cuerpo mío. Será un cuerpo que denuncia tanta indiferencia que padecemos aquellos seres en los que nadie cree y sin embargo amamos y exigimos ser amados, respetamos y pedimos un poquito de respeto, trabajamos y queremos que nos dejen trabajar. Tenemos proyectos y queremos que nos dejen soñar. No va a haber un culpable. Van a ser culpables todos. Por no prestarle atención a un desesperado que necesita simplemente ser oído.
No creyeron en mi. Pero acá les gano la pulseada. Ya están creyendo en esa mancha de sangre que todos imaginan distinta. Ya están creyendo que va a haber un antes y un después de mi. ... Van a ser todos culpables.
Ustedes también, jóvenes, que se ríen de esa manera idiota cuando uno comete una torpeza. Ustedes también, ya son culpables”.
Ahí. En ese instante se rompió el encanto. Tres pibes que casi habían
llorado, lo putearon y se fueron. Después fue una señora que escuchó
llorar a su bebé y así, poco a poco, no quedó casi nadie. Digo casi, porque quedó la policía, el funebrero y yo. Hasta el sol, empezó a irse. Tal vez Carlitos nunca creyó en si mismo y por eso no podía sostener sus promesas... Y el final fue el que tenía que ser.
Pobre Carlitos. Ahí lo vi clarito. Lloraba. Le temblaba la mano en la
pistola . La apuntó directo a la sien y lloró a mares. Fue violento el
movimiento de poner el dedo en el gatillo y disparar. El chorro de
agua la bañó la cara...siguió llorando y dijo: “Por esta vez los perdono”.
Dio media vuelta y lentamente fue bajando por donde había subido. Las
manos no tuvieron fuerzas y desde lo alto, lo único que cayó –eso si, sin un sólo grito- fue su pistola de agua.
Fin.-
Por: Rubén Larrondo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Pensamientos sueltos. Ideas que nacen y pujan por encontrar otras miradas
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com